Debajo del grifo, del cual cae agua caliente, se encuentra ella. Parece pasar todo lentamente. El chorro cae, poco a poco, filtrándose en ella...penetrando en sus pensamientos. Pensamientos, preguntas, qué no tienen respuesta, no tienen ayuda, soporte, resistencia… Se pregunta si de verdad hay sentimiento en las cosas.
Ella inocente, que hace un tiempo dejó de sentir sensaciones,( sensaciones de inestabilidad, pero que transmiten felicidad), está ahora aturdida, mojada, helada, por sus crueles pensamientos, por sus terribles recuerdos, por su empapada memoria. No sabe como actuar frente a todos aquellos problemas que le acechan. No sabe como afrontarlos de la manera correcta, de la manera en que siempre los soluciona. Es superior a ella, todo, todo este repentino lío. Esta cansada de ponerse excusas, de intentar ver las cosas de otro modo, de refugiarse y creerse lo que no es, para no afrontar lo que de verdad es y ronda por ella.
Por eso, ha decidido cambiar el chorro de agua caliente por el de agua fria. Cambio repentino, inesperado. Ahora refresca. Se aclara las ideas, se hiela el pensamiento. Lo congela. Aguarda un momento. No oye nada, nada a su alrededor, solo un pequeño latido dentro. Su corazón. Su pequeño y dañado corazón. Aun persiste, tras muchos golpes, estacazos y decepciones. Sigue ahí, con ella. No le ha abandonado. No quiere, aguantará todo lo que haga falta, hasta que vuelvan a compenetrarse los dos.
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